
17. EL MAESTRO DEL TRIPITAKA SHAN-WU-WEI. Carta enviada a los sacerdotes Joken-bo y Gijo-bo. (Los escritos de Nichiren Daishonin, Soka Gakkai, Páginas 175/190).

No
obstante, en las diversas escuelas de la india y en los círculos budistas del
Japón hubo muchos eruditos y maestros que no pudieron comprender la verdadera
intención del Buda. Algunos de ellos declararon que el Sutra de takavairockana
era superior al Sutra del loto. Otros dijeron que este era inferior al Sutra
Siohavatroduma y, también, al Sutra de la guirnalda de flores, o que el Sutra
del loto era inferior al Sutra del nirvana, a los Sutras de la sabiduría o al
Sutra de los profundos secretos. Además, algunos afirmaron que cada escritura
poseía su carácter distintivo y, por tal motivo, tenía aspectos superiores e
inferiores. Otros manifestaron que el valor de un sutra en particular dependía
de que concordase o no con la capacidad de la gente; los sutras superiores eran
los que se adecuaban al entendimiento de la población de su época, mientras que
los inferiores carecían de esta cualidad. En este mismo tenor, algunas personas
alegaron que, si la gente tenía la capacidad de entrar en el Camino mediante la
enseñanza que afirmaba que todas las cosas poseían sustancia, en tal caso se
debía condenar la enseñanza de que todas las cosas carecían de sustancia, y
ensalzar sólo la doctrina anterior. Y recomendaron que este mismo principio se
aplicara a todas las demás situaciones.
Como,
en esa época, nadie refutó tales doctrinas, los gobernantes y funcionarios
ignorantes comenzaron a creer en ellas con fervor, y a donar tierras de
labranza para la manutención de quienes las predicaban, hasta que el número de
seguidores de estas enseñanzas llegó a ser considerable. Y una vez que estas
doctrinas se afianzaron en el tiempo, la población se convenció absolutamente
de que eran correctas y ni siquiera en sueños pensó en cuestionarlas.
Pero luego, con el
advenimiento del Ultimo Día, apareció alguien más sabio que los eruditos y
maestros seguidos por la gente de esa época.(1) Esta persona comenzó a
cuestionar, una por una, las doctrinas propugnadas por los primeros maestros y
estudiosos, y a criticarlas señalando que diferían de las escrituras en las
cuales se basaban. Apoyándose sólo en los sufras, esclareció que, a la hora de
formular sus doctrinas, los eruditos y maestros no habían sabido distinguir
entre los sufras expuestos en la primera etapa de la prédica del Buda y las
enseñanzas predicadas después, o entre doctrinas superficiales y profundas.
Denunciados de tal forma, los seguidores de estas doctrinas vieron que eran
incapaces de defender las teorías erróneas postuladas por los fundadores de las
diversas escuelas, y no supieron cómo responder. Algunos, ante la duda,
declararon que los eruditos y maestros con seguridad debían de haber
identificado pruebas documentales en los sutras y tratados, pero que ellos, al
carecer de la sabiduría necesaria, no estaban capacitados para defender sus
doctrinas con solvencia. Otros, también en la duda, admitieron que sus maestros
habían sido sabios y hombres doctos de los tiempos pretéritos, pero no así
ellos mismos, personas ignorantes de la última época. De tal forma,
convencieron a gente virtuosa o influyente de que se aliara con ellos, y se
opusieron de manera frontal a aquel que cuestionaba sus creencias.
Pero yo he desechado los
prejuicios, tanto los contrarios a las opiniones ajenas como los que obraban en
mi favor, e hice a un lado las nociones propuestas por los eruditos y maestros.
En cambio, basándome exclusivamente en citas de los sufras, he llegado a
comprender que el Sutra del loto merece ocupar el primer lugar. Si
alguien dijera que otra enseñanza supera al Sutra del loto, hemos de suponer
que es por alguna de estas dos razones: primero, porque ha sido engañado por
pasajes de otras escrituras similares al Sutra del loto; o, segundo, ha sido
embaucado con «sutras» inventados por terceros en épocas posteriores, y
atribuidos al Buda en forma fraudulenta. Carentes de sabiduría para
distinguir lo verdadero de lo falso, tal vez hayan aceptado esos textos
pensando que eran palabras reales del Buda. Desde Hui-neng y su Sutra de la
plataforma, o Shan-tao y su Sutra de la enseñanza sobre la meditación,(2) hubo
muchos falsos maestros en la India, la China y el Japón que no tuvieron reparos
en inventar sus propios «sutras» y en predicarlos al mundo. Además, hubo muchos
otros que pergeñaron supuestos pasajes de sutras o introdujeron sus propias
palabras en el contenido de las escrituras.
Por desventura, hay
gente ignorante que acepta estos textos espurios y los considera genuinos. Son
como la persona ciega a quien le dicen que en el cielo nocturno hay estrellas
más brillantes que el sol o la luna, y lo da por cierto. Cuando alguien
argumenta que su maestro fue un sabio u hombre docto de la Antigüedad, mientras
que Nichiren es un simple necio del Ultimo Día, los ignorantes tienden a
creerle.
Esta no es, de ninguna
manera, la primera vez que surgen dudas así. Durante las dinastías chinas Ch’en
y Sui (557-618), vivió un sacerdote de bajo rango llamado Chih-i, quien llegó a
ser mentor de los emperadores de ambas dinastías y honrado con el título de
«gran maestro T’ien-t’ai Chih-che». Antes de cosechar reconocimiento, refutó
las doctrinas de los diversos maestros y mentores del Tripitaka que habían
vivido en la China en los quinientos años previos o antes aún, e incluso refutó
a los eruditos que habían enseñado en la India durante un milenio. A raíz de
ello, los hombres de sabiduría de la China meridional y septentrional se unieron
en son de protesta como nubes en el cielo, y los sabios y doctos del este y el
oeste se alzaron como una constelación de estrellas. Sobre él llovieron
torrentes de críticas, y sus doctrinas fueron azotadas con la fuerza de un
vendaval. Y. sin embargo, terminó refutando las doctrinas erróneas y
unilaterales de los eruditos y maestros, y estableciendo las enseñanzas
correctas de la escuela T´ien-t’ai.
De la misma forma,
durante el reinado del emperador Kammu vivió en el Japón un humilde sacerdote llamado
Saicho, que luego llegó a ser honrado como el «gran maestro Dengyo». Refutó las
doctrinas expuestas por los maestros budistas de las diversas escuelas
japonesas durante los más de doscientos años transcurridos desde [que el
budismo ingresó en el país en] el reinado del emperador Kimmei. Al principio,
fue blanco de la furia del pueblo, pero luego todos coincidieron en adoptarlo
como maestro.
La gente había criticado
a T’ien-t’ai y a Dengyo diciendo: “Los fundadores de nuestras escuelas fueron
eruditos pertenecientes a las cuatro categorías de venerables, y sabios y
hombres doctos de los tiempos antiguos, mientras que usted es apenas un hombre
ordinario y necio, nacido a finales del Día Medio de la Ley”. Pero la cuestión
no es si uno vive en el Día Primero, Medio o Ultimo de la Ley; lo que hay que
considerar es si uno se basa en el texto del sutra verdadero. Lo importante
—reitero— no es quién predica una doctrina, sino que esa doctrina concuerde con
la verdad.
Los creyentes no
budistas criticaron al Buda diciendo: «Usted es un hombre necio, nacido a fines
del kalpa de formación y a comienzos del kalpa de continuación,(3) mientras que
los maestros originales de nuestras doctrinas fueron hombres sabios de tiempos
antiguos, así como también las dos deidades (4) y los tres ascetas». Y sin
embargo, pese a todo, las noventa y cinco escuelas no budistas fueron
desechadas.
Cuando yo, Nichiren,
consideré las ocho escuelas budistas, descubrí lo siguiente: Características
del Dharma, Guirnalda de Flores y Tres Tratados —basadas en sutras
provisionales— declaran que los sutras provisionales son iguales al sutra
verdadero o, incluso, que este es inferior a aquellos. Es obvio que son errores
originados en las palabras de los eruditos y maestros que fundaron dichas
escuelas. Hay un caso especial: el de las escuelas Tesoro del Análisis del
Dharma y Establecimiento de la Verdad,(5) mientras que la escuela Preceptos
representa el nivel más bajo de las enseñanzas del Hinayana.
Los eruditos superan a
los maestros comunes, y el sutra del Mahayana verdadero supera los sutras del
Mahayana provisional. El Sutra Mahavairochana de la escuela Palabra Verdadera
no se compara con el Sutra de la guirnalda de flores, ni mucho menos con el
Sutra del nirvana o el Sutra del loto. Y sin embargo, cuando el maestro del
Tripitaka Shan-wu-wei juzgó los méritos relativos del Sutra de la guirnalda de
flores, del Sutra del loto y del Sutra Mahavairochana, erró en su
interpretación al declarar que, aunque el Sutra del loto y el Sutra Mahavairochana
eran iguales en cuanto a sus principios, el último era superior en cuanto a la
práctica. Desde ese momento, los seguidores de la escuela Palabra Verdadera han
afirmado con soberbia que el Sutra del loto no podía siquiera compararse con el
Sutra de la guirnalda de flores, y mucho menos con los de la escuela Palabra
Verdadera; o que el Sutra del loto ni siquiera estaba a la altura del Sutra
Mahavairochana, porque no mencionaba mudras ni mantras. También aseguran que
muchos de los maestros y patriarcas de la escuela Tendai han reconocido la
superioridad de la escuela Palabra Verdadera y dicen que la opinión popular, en
esta misma línea de pensamiento, coincide en que esta escuela es superior.
Ya que tantas personas
sostienen ideas equivocadas sobre este tema, me he puesto a estudiarlo con
detenimiento. En otros escritos —que espero usted consulte— dejé asentadas mis
conclusiones. Anhelo que las personas que buscan el Camino aprovechen muy bien
sus días en esta existencia para aprender la verdad sobre esta cuestión y
transmitirla a otros.
Que tantas personas
sostengan creencias equivocadas no es algo que deba intimidarnos. Por otro
lado, la verdad de una creencia no depende de que esta haya sido proclamada
durante mucho o poco tiempo. Lo decisivo, en todo esto, es que se ajuste al
texto de las escrituras y a la razón.
En el caso de la escuela
Tierra Pura, los sacerdotes chinos T´an-luan, Tao-ch’o y Shan-tao cometieron
numerosos errores y condujeron a muchísimas personas a adoptar ideas falsas. En
el Japón, Honen adoptó las enseñanzas de estos hombres y no sólo llevó a todos
a creer en el Nembutsu, sino que, además, intentó erradicar las demás escuelas
del Imperio. Los tres mil sacerdotes del monte Hiei, y los del Kofuku-ji, el
Todai-ji y los demás templos de Nara -de hecho, los sacerdotes de las ocho
escuelas trataron de detener esta iniciativa-; a raíz de ello, los distintos
emperadores promulgaron edictos y el sogunato impartió órdenes para impedir que
esta enseñanza se diseminara en el país. Pero todo fue en vano. Por el
contrario, floreció con más fuerza, y llegó un momento en que el Emperador, el
Emperador retirado y toda la población terminaron creyendo en ella.
Yo, Nichiren, soy hijo
de una humilde familia; nací en un pueblo costero situado en Kataumi, Tojo,
provincia de Awa, y soy un súbdito desprovisto de toda virtud o autoridad. Me
he preguntado qué podría hacer yo, si el repudio de los templos de Nara y del
monte Hiei, sumado a las enérgicas prohibiciones de los emperadores, no lograron
hasta ahora detener las enseñanzas del Nembutsu. Pero, tomando como espejo los
pasajes de los sutras y usando como brújula las enseñanzas de T’ien-t’ai y de
Dengyo, durante diecisiete años he venido fustigando aquellas doctrinas, desde
el quinto año de la era Kencho (1253) hasta el año actual, séptimo de la era
Bunei (1270). Y, como puede comprobarse a simple vista, la difusión del
Nembutsu en el Japón ha cesado ostensiblemente. Aunque queden personas que
siguen entonando el Nembutsu por fuera, según creo, en su fuero interno saben
que esa enseñanza no los librará de las aflicciones del nacimiento y la muerte.
Por su parte, la escuela
Zen también comete errores doctrinales. Basta con observar un solo hecho para
inferir diez mil, así que puedo poner fin a los errores de la escuela Palabra
Verdadera y de todas las demás corrientes cuando lo desee. La «sabiduría» de
los maestros y otros monjes eminentes de la escuela Palabra Verdadera en la
actualidad no se compara con la de un buey o un caballo; su «luz» es menor que
la de una luciérnaga. Esperar algo de ellos es como poner arco y flechas en
manos de un difunto, o como interrogar a alguien que habla en sueños. Sus manos
forman el gesto de los mudras, su boca repite los mantras, pero su corazón no
entiende los principios del budismo. De hecho, su mente arrogante adquiere la
altura de una montaña, y la codicia de su corazón es más honda que el mar. Y
todas estas opiniones erradas que antes mencioné se deben a la confusión que
reina en ellos sobre la superioridad relativa de los muchos sutras y tratados,
y a que ninguno ha corregido los errores iniciales introducidos por los
fundadores de dichas escuelas.
Desde luego, la gente
sabia debería aplicarse al estudio de las ochenta mil doctrinas budistas y
familiarizarse con las doce divisiones de las escrituras. Pero las personas
ignorantes que viven en esta época nuestra, tan malvada y confusa —el Ultimo
Día—, deberían descartar el «camino difícil de practicar» y el «camino fácil de
practicar» del que tanto hablan los seguidores del Nembutsu, y consagrarse
únicamente a entonar Nam-myoho-renge-kyo, el daimoku del Sutra del loto.
Cuando asoma el sol en
el cielo oriental, su intensa luz ilumina todo el firmamento sobre el gran
continente meridional de Jambudvipa. Pero el débil fulgor de una luciérnaga
jamás puede alumbrar una nación entera. El que lleva sujeta a su túnica una
joya que concede los deseos, puede hacer realidad lo que anhele. Pero una
piedra común o un pedazo de escombro no brindarán tesoro alguno. El Nembutsu y
otras prácticas, puestos frente al daimoku del Sutra del loto, son como piedras
y escombros comparados con una gema de valor, o como el destello de una
luciérnaga ante el resplandor del sol.
¿Cómo podemos nosotros,
personas de burda visión, distinguir el verdadero color de las cosas con la
débil luz de una luciérnaga? Lo cierto es que los sutras inferiores y
provisionales del Nembutsu y de Palabra Verdadera no son enseñanzas capaces de
guiar a la Budeidad a los hombres comunes.
Nuestro maestro,
Shakyamuni El Que Así Llega, expuso ochenta mil doctrinas sagradas a lo largo
de su vida de prédica. Fue el primer Buda que apareció en este, nuestro mundo
saha, que hasta entonces no había sabido de ningún otro buda; y fue él quien
abrió los ojos de todos los seres vivos. De él recibieron instrucción los demás
budas y bodhisattvas de oriente y de occidente, y de las tierras de las diez
direcciones.
El período anterior a su
advenimiento fue como la época previa a la aparición de los soberanos y emperadores
(6) de la antigua China, cuando los seres humanos no sabían quiénes eran sus
padres y vivían como bestias. Antes del emperador Yao, la gente no reconocía
los deberes que debía cumplir en las cuatro estaciones, y era tan ignorante
como los bueyes o los caballos.
Antes de que el buda
Shakyamuni adviniera a este mundo, no existían las órdenes de sacerdotes o
monjas; sólo había dos categorías de personas: hombres y mujeres. Pero ahora
hay monjes y monjas que, al ser instructores de la escuela Palabra Verdadera,
han decidido tomar como objeto de devoción a Mahavairochana El Que Así
Llega y relegar a una posición inferior a Shakyamuni El Que Así Llega. O que al
profesar la fe en el Nembutsu, honran exclusivamente al buda Amida y descartan
a Shakyamuni El Que Así Llega. Estos monjes y monjas deberían estar honrando su
deuda de gratitud con el buda Shakyamuni pero no lo hacen, por culpa de las
enseñanzas erróneas transmitidas por los fundadores de esas escuelas.
Hay tres razones por las
cuales Shakyamuni El Que Así Llega, más que ningún otro buda, tiene relación
con todos los seres vivos de este mundo saha. En primer lugar, es el Honrado
por el Mundo, soberano de todos los seres vivos de este mundo saha. El buda
Amida no es monarca de este mundo; en tal sentido, el buda Shakyamuni es como
el gobernante del país en que vivimos. Ante todo, honramos al regente de
nuestra propia tierra, y sólo después rendimos tributo a las autoridades de
otros países. La Diosa del Sol y el gran bodhisattva Hachiman son los soberanos
originarios de nuestra nación, manifestaciones provisionales del buda
Shakyamuni que aparecieron con forma de deidades nativas. El que vuelve las
espaldas a estas deidades no puede llegar a ser gobernante de este país. Así
pues, la Diosa del Sol se encuentra encarnada en un espejo sagrado conocido
como naishidokoro,(7) v el gran bodhisattva Hachiman recibe a emisarios
imperiales portadores de informes y encargados de recibir su oráculo. Shakyamuni,
el Gran Iluminado Honrado por el Mundo, es nuestro augusto soberano. Es él
quien debe ser venerado como objeto de devoción.
La segunda razón es que
Shakyamuni El Que Así llega es el padre y la madre de todos los seres vivos de
este mundo saha. Es correcto que, ante todo, brindemos amor filial a nuestros
padres, y sólo luego respetemos de igual modo a los progenitores de otras
personas. Tenemos como ejemplo al rey Wu de la antigua dinastía Chou, que talló
en madera una imagen de su difunto padre y la montó en un carruaje, nombrándola
general al frente de las tropas en combate. El cielo, conmovido por su actitud,
lo protegió y, de ese modo, el rey Wu pudo vencer a su enemigo Chou, rey de
Yin.
El antiguo soberano Shun
rompió en llanto, afligido porque su padre se había quedado ciego, pero cuando
le acarició los ojos con sus manos humedecidas por las lágrimas, el padre
recobró la vista. (8) El buda Shakyamuni hace lo mismo con nosotros, los seres
vivos: al abrir nuestros ojos abre ”el portal de la sabiduría del Buda (9)
inherente a cada persona. Ningún otro buda había hecho hasta entonces algo
igual.
La tercera razón es que
Shakyamuni El Que Así Llega es el maestro original de todos los seres vivos de
este mundo saha. Nació en la India central, hijo del rey Shuddhodana, durante
el noveno kalpa de declinación en el actual Kalpa Sabio, cuando la vida de los
seres humanos duraba cien años. A los diecinueve, abandonó la vida familiar y a
los treinta logró la iluminación. Y a partir de entonces pasó los cincuenta
años restantes de su vida exponiendo las enseñanzas sagradas. A los ochenta,
falleció dejando sus reliquias (10) como medio de salvación para todos los
seres vivos de los días Primero, Medio y Ultimo de la Ley. Por otra parte,
Amida El Que Así Llega, el buda Maestro de la Medicina, Mahavairochana y los
demás son budas de otros mundos; no son Honrados por el Mundo de esta, nuestra
tierra.
Este mundo saha es el
más bajo de todos los mundos de las diez direcciones; su lugar se compara con
el que ocupa una cárcel dentro de una nación. Todas las personas de los mundos
de las diez direcciones que han cometido alguna de las diez malas acciones o de
las cinco faltas capitales, o la gravísima ofensa de denigrar la enseñanza
correcta, u otros crímenes terribles por cuya causa han sido expulsados de esas
tierras por los budas y Los Que Así Llegan, fueron reunidas aquí, en esta
tierra saha, por Shakyamuni El Que Así Llega. Tales personas, que cayeron en
los tres malos caminos o en la gran fortaleza del infierno del sufrimiento
incesante, y que, a su tiempo, debieron sufrir por sus faltas, han renacido en
el estado de los seres humanos o celestiales. Pero como todavía conservan
resabios de su mala conducta previa, son proclives a cometer fácilmente más
causas negativas, ya sea actuando contra la enseñanza correcta o hablando de
las personas sabias con desprecio. Así, por ejemplo, aunque Shariputra había
logrado el estado de arhat, en ocasiones se entregaba a la ira. Pese a que
Pilindavatsa (11) se había liberado de las ilusiones del pensamiento y del
deseo, exhibía una mentalidad arrogante; aunque Nanda había renunciado a todo
apego sexual, seguía acariciando el pensamiento de dormir con una mujer. Hasta
estos discípulos del Buda, que habían eliminado las ilusiones, seguían conservando
resabios. !Cuánto más ha de ocurrimos a las personas comunes! Y sin embargo,
Shakyamuni El Que Así Llega entró en este mundo salta con el título «El Que
Puede Resistir». Se lo llama así porque no condena a las personas a causa de
sus actos contra la Ley, sino que se muestra tolerante con ellas.
Tales, entonces, son las
cualidades especiales [que posee el buda Shakyamuni, y] de las que otros budas
carecen.
El buda Amida y los
otros diversos budas decidieron hacer votos misericordiosos; por eso han
aparecido en este mundo salía aun cuando eso los avergonzaba.(12) El buda Amida
proclamó sus cuarenta y ocho juramentos, y el buda Maestro de la Medicina, sus
doce grandes juramentos. Lo mismo hicieron Percibir los Sonidos del Mundo y
otros bodhisattvas oriundos de otras tierras.
Si consideramos a los
budas desde la igualdad invariable de su iluminación, no encontramos
diferencias entre ellos. Pero cuando los observamos desde las disparidades
siempre presentes en sus prédicas, lo que vemos es que cada uno tiene su propio
reino en los mundos de las diez direcciones, y que distinguen entre personas
con quienes ya han tenido alguna clase de relación y otras con quienes no
guardan ningún tipo de vínculo.
Cada uno de los
dieciséis hijos del buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal estableció
su residencia en una tierra distinta de las diez direcciones, y allí condujo a
la salvación a sus propios discípulos. Shakyamuni El Que Así Llega fue uno de
esos dieciséis hijos, y apareció en este mundo saha. Nosotros, los hombres y
mujeres comunes, también nacimos en la misma tierra que él. Por lo tanto, de
ningún modo debemos apartarnos de las enseñanzas de Shakyamuni El Que Así
Llega. Pero la gente no logra entenderlo. Si examinaran la cuestión
detenidamente, comprenderían que no deberían alejarse de la mano protectora de
Shakyamuni El Que Así Llega [pues, como afirma el Sutra del loto:] él es «la
única persona que puede rescatar y proteger a los demás».(13)
Por tal razón, si todos
los seres vivos de este mundo saha detestan los sufrimientos del nacimiento y
la muerte, y desean tener un objeto de devoción al cual dirigir su respeto,
ante todo deben hacer imágenes del buda Shakyamuni, pintadas o talladas en
madera, y tomarlas como objeto de devoción. Luego, si aún les quedan energías,
que busquen además imágenes de Amida y de otros budas.
Sin embargo, cuando los
hombres de este mundo, poco avezados al Camino sagrado,(14) deciden tallar o
pintar imágenes de algún buda, en vez de dar prioridad a Shakyamuni prefieren a
otros. Esto no concuerda con las intenciones de estos otros budas ni con el
propósito de Shakyamuni El Que Así llega, y tampoco se adecua al decoro
secular.
Cuando el gran rey
Udayana talló una imagen de sándalo rojo, no eligió a otro Buda; de la misma
manera, la pintura ofrecida al rey Mil Stupas (15) fue de Shakyamuni El Que Así
Llega. Pero los hombres de la época actual se basan en los diversos sutras del
Mahayana, y como creen que el sufra en que confían es superior a todos los
otros, relegan al buda Shakyamuni a un lugar secundario.
Los maestros de la
escuela Palabra Verdadera, convencidos de que el Sufra Mahavairochana supera
todos los demás sutras, consideran que Mahavairochana El Que Así Llega,
descrito allí como el Buda supremo, es aquel con quien mantienen un vínculo
especial. Por su parte, los sacerdotes del Nembutsu, que depositan toda su fe
en el Sufra de la meditación, consideran que es el buda Amida quien posee una
relación especial con este, nuestro mundo saha.
Debido a que las
personas de nuestra época, en particular, han creído erróneamente que las
doctrinas de Shan-tao y de Honen eran correctas y han adoptado como guía los
tres sufras de la Tierra Pura, ocho o nueve de cada diez templos erigidos han
entronizado al buda Amida como principal objeto de devoción. Y en las moradas
de los sacerdotes y creyentes laicos, en hogares de a docenas, cientos o miles,
el salón de las imágenes adosado a las residencias está consagrado al buda
Amida. Más aún, de las mil o diez mil pinturas e imágenes de budas que hoy se
encuentran en una propiedad, la gran mayoría son del buda Amida.
Sin embargo, personas
supuestamente esclarecidas en tales cuestiones ven que esto ocurre y no lo
juzgan desafortunado. Al contrario, opinan que dichos asuntos concuerdan con
sus propias ideas y, en consecuencia, los comentan con alabanza y admiración.
Por paradójico que esto pueda resultar, son las personas malvadas, sin
entendimiento alguno sobre los principios de causa y efecto y sin propensión a
venerar a ningún buda, las que parecen están libres de error con respecto al
budismo.
Shakyamuni, el Honrado
por el Mundo —que es nuestro padre y nuestra madre y está dotado de las tres
virtudes de soberano, maestro y padre— es quien nos alienta a las personas
rechazadas por todos los demás budas, diciendo: «Soy la única persona que puede
rescatar y proteger a los demás». La deuda de gratitud que hemos contraído con
él es más profunda que el océano, más grande que la tierra, más inmensa que el
firmamento. Aunque tuviésemos que arrancarnos los ojos de las órbitas y
depositarlos ante él como ofrenda apilando más ojos que las estrellas del
cielo; aunque debiésemos arrancarnos la piel y desplegarla de a cientos de
miles de decenas de miles, hasta que las pieles cubriesen la bóveda celeste;
aunque tuviéramos que darle nuestras lágrimas como ofrendas de agua y
entregarle flores durante miles, decenas de miles y millones de kalpas; aunque
debiéramos obsequiarle nuestra carne y nuestra sangre durante kalpas
innumerables, hasta que la carne formara montañas y la sangre desbordara como
los océanos, así y todo, jamás lograríamos saldar ni una fracción de la deuda
que mantenemos con este Buda.
Pero los estudiosos de
nuestra época se aferran a sus ideas distorsionadas. Así y todo, sepan que si
vuelven las espaldas a este principio, aunque sean eruditos y hayan dominado
las ochenta mil doctrinas budistas, aunque hayan grabado en su memoria las doce
divisiones de las escrituras y observen estrictamente todos los preceptos del
Hinayana y del Mahayana, no podrán evitar caer en los caminos del mal.
Como ejemplo de esto que
digo, observemos al maestro del Tripitaka Shan-wu-wei, fundador de la escuela
Palabra Verdadera en la China. Fue hijo del rey Simiente del Buda,(16) monarca
del reino indio de Udyana. El buda Shakyamuni abandonó el palacio de su padre a
los diecinueve años para abrazar la vida religiosa. Pero este maestro del
Tripitaka abdicó el trono a los trece años y, a partir de entonces, viajó por
los setenta estados indios recorriendo noventa mil ris a pie y familiarizándose
con los muchos sutras, tratados y escuelas del budismo. En un reino situado al
norte de la India, se detuvo al pie del stupa erigido por el rey Granos de Oro,(17)
alzó los ojos al cielo y se puso a orar, tras lo cual apareció suspendido en el
aire el mandala del Reino de la Matriz, y en su centro, sentado, Mahavairochana
El Que Así Llega.
Shan-wu-wei, movido por
su compasión, decidió propagar el conocimiento de esta enseñanza a las regiones
remotas. Entonces se marchó a la China, donde transmitió sus doctrinas secretas al emperador Hsüan-tsung.
Durante una gran sequía oró para que lloviera y, al término de tres días, la
lluvia llegó. Este maestro del Tripitaka conocía exhaustivamente los ideogramas
sementinos (18) que representaban a los mil doscientos y más honorables, con
sus formas augustas y sus samayas.(19) Hoy, todos los seguidores de la escuela
Palabra Verdadera pertenecientes al To-ji y a los demás templos japoneses de
esta escuela se consideran discípulos del maestro del Tripitaka Shan-wu-wei.
Pero
cuando el maestro del Tripitaka falleció en forma repentina, en ese mismo
momento aparecieron numerosos guardianes del infierno, lo ataron con siete
cuerdas de hierro y lo condujeron al palacio de Yama, el amo del infierno. Fue
un acontecimiento de lo más extraño.
¿Por
qué falta merecía ser reprendido de esa manera? En la existencia que acababa de
vivir, tal vez pudo haber cometido alguna de las diez malas acciones, pero, con
toda seguridad, no fue culpable de las cinco faltas capitales. Y en cuanto a
sus existencias pasadas, dado que había renacido como gobernante de un gran
reino, tuvo que haber observado los diez buenos preceptos con rigor, y servido
a quinientos budas de manera leal.(20) ¿Qué falta, entonces, pudo haber
cometido?
Además,
a los trece años renunció voluntariamente al trono real y adoptó la vida
religiosa. Su afán de lograr la iluminación era insuperable en todo el
territorio de Jambudvipa. Sin duda, esta virtud tiene que haber neutralizado
cualquier falta leve o grave que pudiera haber cometido en esta existencia o en
vidas anteriores. Además, efectuó un estudio exhaustivo de los cuantiosos
sutras, tratados y escuelas que, en esa época, se propagaban en la India, y es
posible que este hecho también haya atenuado cualquier mala acción de su parte.
Sumado
a todo esto, las doctrinas esotéricas de la escuela Palabra Verdadera son
diferentes de las demás enseñanzas del budismo. Ellas declaran que si uno hace
un solo mudra con las manos o pronuncia un solo mantra con la boca, erradicará,
con seguridad, hasta las faltas más graves acumuladas en las tres existencias:
el pasado, el presente y el futuro. Asimismo, afirman que todas las faltas e
impedimentos kármicos que uno haya creado durante el término de innumerables
kotis de kalpas se extinguirán en el momento en que uno contemple los mandalas
esotéricos. ¡Cuánto más cierto habrá de ser esto, por lo tanto, en el caso del
maestro del Tripitaka Shan-wu-wei, que memorizó todos los mudras y mantras
pertenecientes a los mil doscientos y más honorables; que entendió la práctica
de la contemplación para lograr la Bu-deidad con la forma que uno posee, tan
claramente como si la tuviera reflejada en un espejo, y se convirtió en el
mismísimo Mahavairochana, Rey de la Iluminación, cuando se sometió a la
ceremonia de unción ante los mandalas del Reino de Diamante y del Reino de la
Matriz! ¿Por qué, entonces, debería un hombre así verse citado ante el rey Yama
y expuesto a su condena?
Yo,
Nichiren, había resuelto abrazar la enseñanza más excelsa de todas las que
integraban las dos divisiones del budismo -exotérico y esotérico—, la que con
mayor facilidad nos permitiera liberarnos de las aflicciones del nacimiento y
la muerte. Con ese afán, he estudiado las doctrinas esotéricas de la escuela
Palabra Verdadera en forma amplia, y he investigado esta cuestión de
Shan-wu-wei. Pero nadie pudo responderme en forma cabal la pregunta antes
planteada. Si este hombre no pudo escapar de los malos caminos, ¿cómo podrían
evitarlos, en nuestra época, cualquiera de los maestros de la escuela Palabra
Verdadera, o los sacerdotes y creyentes laicos que apenas ejecutaron un solo
mudra o entonaron un solo mantra?
Habiendo
examinado la cuestión en detalle, llegué a la conclusión de que hubo dos
errores por los cuales Shan-wu-wei fue convocado ante el rey Yama para ser
amonestado.
Ante
todo, el Sutra Mahavairochana, lejos de ser inferior al Sutra del loto, no
tiene punto de comparación siquiera con el Sutra del nirvana, el Sutra de la
guirnalda de flores o los Sutras de la sabiduría. No obstante, Shan-wu-wei
sostuvo que era superior al Sutra del loto, con lo cual cometió el error de
denigrar la enseñanza correcta.
En
segundo término, pese a que Mahavairochana El Que Así Llega es una manifestación
corpórea del buda Shakyamuni, Shan-wu-wei propugnó la idea distorsionada de que
aquel era superior al buda Shakyamuni, amo de las enseñanzas. La falta que
representan estos actos es tan grave, que ninguna persona que los cometa puede
evitar caer en los malos caminos, aun cuando practique la enseñanza de los mil
doscientos y más honorables durante un período de kalpas innumerables.
Shan-wu-wei cometió estos errores, cuya
retribución es tan difícil de eludir, y por eso de nada le sirvió practicar los
tundras y mantras de los muchos honorables. Y sin embargo, pudo escapar de las
cuerdas de hierro que lo mantenían sujeto cuando recitó las palabras del
capítulo «Parábolas y semejanzas», del segundo volumen del Sutra del loto, que
dicen: «Pero ahora, estos tres mundos son mis dominios, y los seres vivos que
habitan allí son, todos, mis hijos [es decir, hijos de Shakyamuni]. Este lugar
está plagado de dolores y de pruebas. Soy la única persona que puede rescatar y
proteger a los demás».
Sea como fuere, todos los maestros de la
escuela Palabra Verdadera que surgieron después de Shan-wu-wei afirmaron que el
Sutra Mahavairochana era superior a los otros sutras y que superaba, incluso,
al Sutra del loto. Asimismo, hubo otras personas que declararon que el Sutra
del loto era inferior al Sutra de la guirnalda de flores. Aunque estos grupos
difieren entre sí en sus aseveraciones, se asemejan en que todos han cometido
la falta de denigrar la enseñanza correcta.
El
maestro del Tripitaka Shan-wu-wei sostuvo la noción prejuiciosa de que tanto el
Sutra del loto como el Sutra Mahavairochana debían ser tenidos en gran respeto,
ya que ambos coincidían en los profundos principios que corporificaban, pero
que el Sutra del loto era inferior al Sutra Mahavairochana porque no mencionaba
nada sobre los mudras y mantras. Por su parte, los maestros de la escuela
Palabra Verdadera que advinieron después de él opinaron que, con respecto a los
importantes principios expresados, el Sutra del loto era inferior al Sutra
Mahavairochana, para no hablar siquiera de la cuestión de los mudras y mantras.
Así
pues, fueron mucho más lejos en sus actos contra la enseñanza correcta,
acopiando falta sobre falta. Es imposible creer que puedan eludir durante mucho
tiempo la censura del rey Yama y el confinamiento en los tormentos del
infierno. De hecho, en forma inmediata se abatirán sobre ellos las llamas del
infierno Avichi.
El
Sutra Mahavairochana original no contiene ninguna mención sobre el profundo
principio de los tres mil aspectos contenidos en cada instante vital. Este
principio se encuentra exclusivamente en el Sutra del loto. Pero el maestro del
Tripitaka Shan-wu-wei hurtó y usurpó
esta profunda enseñanza que el gran maestro T’ien-t’ai había expuesto basado en su
lectura del Sutra del loto, y la introdujo en su propia interpretación del
Sutra Alabavairochana. Luego, afirmó que los mundras y mantras del Sutra
Mahavairochana —que en principio habían sido expuestos sólo como realce y
atavío del Sutra del loto-eran los mismísimos elementos que marcaban la
superioridad de aquél sobre este último. Shan-wu-wei no hacía sino exponer una
noción distorsionada cuando señaló que el Sutra del loto y el Sutra
Mahavairochana eran iguales en sus principios; y también se equivocó al afirmar
que el Sutra Mahavairochana era superior en virtud de sus mantras y mudras.
Es
como el caso del hombre necio y de baja alcurnia que considera sus seis órganos
sensoriales como posesión personal, cuando, en realidad, pertenecen a su amo.(21)
Sólo que esta equivocación lo conduce a toda clase de conductas erróneas.
Deberíamos tener en cuenta este ejemplo a la hora de interpretar los sutras y
porque las doctrinas establecidas en enseñanzas inferiores sólo sirven como
realce del sutra verdaderamente superior.
Yo,
Nichiren, fui residente del [templo Seicho-ji, en el] monte Kiyosumi, aldea de
Tojo, provincia de Awa. Desde mi tierna infancia, oré al bodhisattva Arca
Sideral con el deseo de llegar a ser la persona más sabia de todo el Japón.
Ante mis ojos, el bodhisattva se transformó en un sacerdote venerable y me
concedió una joya de sabiduría, refulgente como el lucero matinal. De resultas
de ello, sin duda, pude adquirir un dominio general de las principales
enseñanzas pertenecientes a las ocho escuelas más antiguas del budismo japonés,
así como a las escuelas Zen y Nembutsu.
Durante
los dieciséis o diecisiete años transcurridos desde el quinto año (1253) de la
era Kencho, aproximadamente, hasta el actual séptimo año de la era Bun’ei
(1270), formulé diversas críticas a las escuelas Zen y Nembutsu. Esto hizo que
los eruditos de dichas corrientes se agitaran como avispones y se agolparan
como nubes, aunque, a decir verdad, es posible demoler sus argumentos con una o
dos palabras.
Hasta
los estudiosos de las escuelas Tendai y Palabra Verdadera, habiendo perdido de
vista los principios trazados por sus propias escuelas sobre las enseñanzas que
se debía adoptar y las que correspondía desechar, terminaron opinando en forma
idéntica a sus pares de las escuelas Zen o Nembutsu. Como sus seguidores laicos
favorecían tales ideas, han concluido que era mejor brindar apoyo a esas
corrientes y a sus nociones erradas, declarando que las escuelas Tendai y
Palabra Verdadera eran iguales al Nembutsu y al Zen. A raíz de ello, se han
sumado a los otros con el propósito de refutarme. Pero aunque den la impresión
de rebatirme, en realidad sólo están destruyendo sus propias enseñanzas de la
escuela Tendai y Palabra Verdadera. ¡Lo que hacen es algo realmente vergonzoso;
sí, vergonzoso!
Que
yo haya podido discernir de esta forma los errores de los muchos sufras|
tratados y escuelas responde al beneficio del bodhisattva Arca Sideral, y es
algo que debo a mi anterior maestro Dozen-bo.
Se
dice que hasta una tortuga sabe cómo saldar sus deudas de gratitud;(22) ¡cuánto
más deberíamos saberlo los seres humanos! Para saldar mi deuda con Dozen-bo, mi
maestro de antaño, quise propagar las enseñanzas del Buda sobre el monte
Kiyosumi y guiar a mi mentor hacia la iluminación. Pero él es un hombre asaz
ignorante y, encima de ello, cree en el Nembutsu, por lo cual no he visto la
forma de hacerle eludir los tres malos caminos. Para peor, tampoco es la clase
de hombre proclive a escuchar instrucciones.
Así
y todo, durante el primer año de la era Bun’ei (1264), el decimocuarto día del
undécimo mes, me reuní con él en el albergue sacerdotal23 de Hanabusa, Saijo.
En esa oportunidad, me refirió: «No tengo sabiduría ni esperanza de ser
promovido a un puesto jerárquico. Soy un anciano sin ambición de fama, y no
puedo nombrar a ningún sacerdote eminente del Nembutsu de quien yo haya sido
discípulo. Pero como esta práctica ha cobrado tal difusión durante nuestro
tiempo, hago lo que tantas personas, y repito las palabras Namu Amida Butsu.
Además, aunque no fue mi idea inicial, tuve ocasión de confeccionar cinco
imágenes del buda Amida. Tal vez esto se deba a alguna costumbre kármica que
establecí en existencias pasadas. ¿Supones
que, a raíz de estas faltas, caeré en el infierno?
En
ese momento, por cierto, no tenía la menor intención de entrar en disputas con
él. Pero hacía más de diez años que mi maestro y yo no nos veíamos, a causa del
pasado incidente con el sacerdote laico Tojo Saemon Renchi, (24) y esto, en
cierta forma, imponía una distancia entre ambos que nos hacía sentir extraños.
Por un lado, pensé que lo cortés y lo correcto sería razonar con él en términos
moderados y contener mis palabras. Pero, por otro, en lo que respecta al
nacimiento y a la muerte, ni el joven ni el anciano saben con certeza cuál será
su destino; esto me hizo pensar que tal vez fuese mi última oportunidad de
encontrarme con él. Ya había advertido al sacerdote Dogi-bo Gisho,(25) hermano
mayor de Dozen-bo, que si no cambiaba sus ideas se condenaría a caer en el
infierno del sufrimiento incesante; dicen que su muerte fue mucho peor que todo
lo que él había imaginado. Entonces, de sólo pensar que mi maestro Dozen-bo
pudiese correr la misma suerte, me embargó la piedad y decidí hablarle en
términos enfáticos.
Le
expliqué que esas cinco imágenes que había hecho del buda Amida lo condenaban a
caer cinco veces en el infierno del sufrimiento incesante. Y la ra-
zón —le dije— era que el Sutra del
loto-que el Buda predicó «descartando honestamente los medios hábiles»—(26)
sostiene que Shakyamuni El Que Así Llega es nuestro padre, mientras que el buda
Amida es nuestro tío. Cualquiera que haya hecho cinco imágenes de su tío para
depositar ofrendas ante ellas, sin haber encargado una sola imagen de su propio
padre, ¿podría ser respetado como hijo devoto? Hasta los cazadores montaraces o
los pescadores, incapaces de distinguir el Levante del Poniente o de realizar
una sola acción piadosa, cometen menos faltas que alguien así.
Hoy
en día, los que buscan el Camino sin duda esperan tener una vida mejor en su
próxima existencia. Y sin embargo, desechan el Sutra del loto y al buda
Shakyamuni, pero no cesan ni un instante de venerar al buda Amida y de invocar
su nombre. ¿Qué clase de conducta es esta? Aunque a los ojos de la gente se muestren
como seres piadosos, no veo de qué forma conseguirán eludir su condena por
rechazar a su propio padre y mostrar devoción a un extraño. Por otra parte, un
individuo de extrema maldad jamás habría jurado ser fiel a ninguna enseñanza
budista y, por tal motivo, tampoco habría cometido la falta de rechazar al buda
Shakyamuni. En consecuencia, dadas las circunstancias propicias, sería
perfectamente imaginable que alguien así llegase a confiar en Shakyamuni.
No
creo que los seguidores de las enseñanzas erróneas de Shan-tao, Honen y los
eruditos budistas de nuestro tiempo —que toman al buda Amida como objeto de
devoción y se dedican por completo a la práctica de invocar su nombre-puedan
renunciar a sus ideas erradas y ser fieles al buda Shakyamuni y al Sutra del
loto, ni siquiera al cabo de existencia tras existencia durante kalpas
incontables. Por eso el Sutra del nirvana, predicado en el bosquecillo de
árboles sal justo antes de la muerte del buda Shakyamuni, afirma que surgirán
personas temibles, cuyas faltas serán más graves aún que las diez malas
acciones o que las cinco faltas capitales; icchantíkas, o personas de
incredulidad incorregible, e individuos que denigrarán la enseñanza correcta.
También leemos que tales personas se hallarán entre los hombres sabios que
observan los doscientos cincuenta preceptos, ataviados con las tres túnicas del
clero budista y llevando escudillas de mendicante.
Le
expliqué todo esto detalladamente a Dozen-bo cuando se produjo aquel encuentro,
aunque no pareció que hubiese entendido de manera cabal. Tampoco las demás
personas presentes en esa ocasión dieron la impresión de comprender. Con todo,
más tarde fui informado de que Dozen-bo llegó a abrazar la fe en el Sutra del
loto. Concluí que, habiendo renunciado a sus viejas ideas distorsionadas, pudo
llegar a vivir como un hombre de sólidas creencias, pensamiento que me colmó de
felicidad. Cuando, luego, supe que también había hecho una imagen del buda
Shakyamuni, no hallé palabras con qué expresar mi emoción. Quizá parezca que,
en aquel encuentro que mantuvimos, me dirigí a él con excesiva dureza. Pero, en
realidad, me limité a explicarle las cosas tal como las expone el Sutra del
loto y, sin duda, por este motivo luego pudo actuar como lo hizo. Se dice que
el buen consejo es áspero al oído, así como la medicina eficaz tiene amargo
sabor.
Yo,
Nichiren, he saldado la deuda de gratitud contraída con mi mentor, y estoy
convencido de que tanto los budas como las deidades aprobarán mi proceder. Me
gustaría pedir que se informe a Dozen-bo de todo lo que aquí relaté.
Aunque
uno recurra a palabras severas, si ellas ayudan a la persona a quien van
dirigidas, merecen ser consideradas palabras veraces y bondadosas. En forma
análoga, aunque uno utilice expresiones amables, si causan perjuicio a su
destinatario en realidad son palabras engañosas y lesivas.
Las
doctrinas budistas predicadas por los eruditos de esta época son vistas por el
común de la gente como palabras consideradas y ciertas, aunque, en verdad, son
perjudiciales y engañosas. Lo digo porque se apartan del Sutra del loto, que
constituye el auténtico propósito del Buda.
Por
otro lado, cuando proclamo que los practicantes del Nembutsu caerán en el
infierno del sufrimiento incesante o que las escuelas Zen y Palabra Verdadera
están erradas, algunos podrán pensar que me expreso con dureza, pero en
realidad mis palabras son bondadosas y veraces. Como ejemplo, podría señalar
que si Dozen-bo pudo abrazar el Sutra del loto y hacer una imagen del buda
Shakyamuni fue porque hablé con él de manera tajante. Y lo mismo se aplica a
todo el pueblo del Japón. Hace diez años o más, prácticamente todos recitaban
el Nembutsu. Pero hoy, verán que de cada diez personas, una o dos entonan sólo
Nam-myoho-renge-kyo, mientras que dos o tres lo recitan en forma simultánea al
Nembutsu. Y aun entre aquellos que recitan sólo el Nembutsu, hay quienes han
comenzado a dudar y en su fuero interno creen en el Sutra del loto; algunos,
incluso, han empezado a pintar o a tallar imágenes del buda Shakyamuni. Todo
esto, también, ha sido producto de que yo hablara con palabras severas.
Esta
reacción es como los fragantes árboles de sándalo que crecen en los hediondos
bosques de erandas, o como los capullos de loto que se abren en el fango.
Cuando proclamo que los seguidores del Nembutsu caerán en el infierno del
sufrimiento incesante, los «hombres sabios» de nuestra época —en realidad, no
más sabios que bueyes o caballos— tal vez se aventuren a atacar mis doctrinas.
Pero,
en verdad, son como perros carroñeros que ladran a un león rey, o como simios
insensatos que se ríen de la deidad Shakra.
Nichiren
En el séptimo año de Bun’ei (1270). A
Gijo-bo y Joken-bo
ANTECEDENTES
Nichiren
Daishonin escribió esta carta en 1270, en Matsubagayatsu, Kamakura, y la envió
a Joken-bo y a Gijo-bo, dos sacerdotes que habían sido superiores de él en el
templo Seicho-ji de la provincia de Awa, donde el Daishonin había iniciado su
práctica del budismo. Aunque no se sabe con exactitud por qué redactó este
escrito, probablemente lo haya hecho para expresar su alegría al saber que Dozen-bo —como menciona al final de la
carta- había adoptado la fe en el Sutra del loto y había tallado una estatua
del buda Shakyamuni [inspirado en este sentimiento]. A juzgar por las observaciones
del Daishonin, podemos inferir que, aunque Dozen-bo no abandonó por completo
sus creencias en el Nembutsu, comenzó a venerar al buda Shakyamuni y al Sutra
del loto en el transcurso de 1270.
El
Seicho-ji era, en principio, un templo perteneciente a la escuela Ten-dai, pero
luego cayó bajo la influencia de las escuelas Palabra Verdadera y Tierra Pura.
Dozen-bo, uno de los sacerdotes de mayor jerarquía en el Seicho-ji, había sido
maestro de Nichiren Daishonin. Por tal motivo, este sentía una profunda deuda
de gratitud hacia su viejo mentor. Posiblemente, el Daishonin haya querido
agradecer que Dozen-bo hubiera comenzado a abrazar las enseñanzas del Sutra del
loto.
En
sentido amplio, esta carta consta de cinco partes. En la primera de ellas,
Nichiren Daishonin proclama que, de los
numerosos sutras budistas, el Sutra del loto constituye la enseñanza suprema,
que concuerda en forma exacta con la verdadera intención del Buda. No obstante,
la mayoría de los eruditos y maestros de la India, la China y el Japón
menospreciaban el Sutra del loto y, en cambio, postulaban doctrinas erróneas
que contradecían la intención del Buda. El Daishonin, siguiendo el ejemplo de
grandes maestros como T’ien-t’ai y Dengyo, refuta sus doctrinas equivocadas
basándose ya no en las opiniones de las distintas personas, sino directamente
en los sutras.
En
la segunda parte, señala los errores de las principales escuelas budistas del
Japón; en particular, Palabra Verdadera y Tierra Pura. Puede que se haya
centrado en estas dos, no sólo porque postulaban los errores más graves, sino
porque Dozen-bo había profesado la fe en ambas doctrinas. El Daishonin, luego,
define el daimoku de Nam-myoho-renge-kyo como la práctica para el logro
universal de la Budeidad en el Ultimo Día de la Ley. En la tercera parte,
identifica a Shakyamuni como el buda kármicamente relacionado con todas las
personas que viven en este mundo saha o terrenal, y explica que Shakyamuni
posee las tres virtudes de soberano, maestro y padre, benéficas para todos los
seres humanos. Por lo tanto, afirma, todos los habitantes del mundo saha deben
reconocer la deuda de gratitud que tienen con Shakyamuni.
En la cuarta parte, a la cual debe su
título este escrito, el Daishonin se refiere a Shan-wu-wei, el primero que
llevó de la India a la China las enseñanzas esotéricas de la escuela Palabra
Verdadera. La historia de Shan-wu-wei sirve para demostrar que hasta una
persona sabia, que ha llegado a dominar todas las enseñanzas budistas, caerá en
los malos caminos si desprecia a Shakyamuni y denigra el Sutra del loto. Cita
el ejemplo de Shan-wu-wei para criticar, en forma indirecta, al templo
Seicho-ji, que había caído bajo la influencia de la escuela Palabra Verdadera.
En la quinta sección, expresa su agradecimiento al bodhisattva Arca Sideral,
objeto de devoción original del templo Seicho-ji, y a su maestro Dozen-bo, y
manifiesta su alegría de saber que este último había abrazado el Sutra del
loto. Por fin, recalca la importancia de entablar un diálogo franco con
aquellos que se han dejado confundir por enseñanzas que distorsionan la
intención del Buda.
NOTAS
1. Aquí el Daishonin se refiere a sí
mismo.
2. El Sutra de la enseñanza sobre la
meditación es una obra sobre la práctica de la meditación enfocada en el buda
Amida y los beneficios que genera. Aunque el título contiene la palabra sutra,
la obra no lo es.
3. Los «fines del kalpa de formación» y
los «comienzos del kalpa de continuación* se refieren al tránsito entre las
primeras dos etapas del ciclo de cuatro etapas —los cuatro kalpas de formación,
continuación, declinación y desintegración- que experimentan los mundos.
Durante estas primeras dos etapas, se forman los planetas, aparecen los seres
vivos y se desarrolla su existencia.
4. Shiva y Vishnú.
5. Los principios de la escuela Tesoro
del Análisis del Dharma se estudiaban en forma conjunta con los de la escuela
Características del Dharma, y los de Establecimiento de la Verdad se estudiaban
en forma conjunta con los de Tres Tratados; es posible, entonces, que el
Daishonin no las haya considerado corrientes religiosas independientes.
6. La expresión “soberanos y emperadores”
se refiere a los Tres Soberanos —Fu Hsi, Shen Nung y HuangTi—, monarcas
legendarios que, según se cree, fundaron gobiernos ejemplares, y a los Cinco
Emperadores -Shao Hao, Chuan Hsü,Ti Kao,
T’ang Yao y Yü Shun—, quienes habrían gobernado después de aquellos.
7. Originariamente, palacio donde se
hallaba entronizado el espejo, uno de los tres tesoros sagrados de la Corte
Imperial, custodiado por damas de honor llamadas naishi. Tiempo después, el
término naishidokoro fue aplicado al espejo sagrado en sí.
8. Shun fue uno de los Cinco Emperadores.
Aunque su padre plebeyo lo trató con crueldad y prefirió a su medio hermano
menor Hsiang, Shun siempre respetó a su padre con amor filial. En la obra
Bosque de gemas en el jardín de la Ley, se cuenta que Shun restituyó a su padre
el don de la vista.
9. Sutra del loto, cap. 2.
10. Aquí, se alude a las reliquias del
cuerpo del Dharma; es decir, las enseñanzas que expuso el buda Shakyamuni.
11. Pilindavatsa fue uno de los
discípulos del Buda, hijo de una familia de brahmanes de Shravasti, en la
India. Era arrogante y despreciaba a los demás; se destacaba por dominar la
práctica de la magia, pero cuando conoció a Shakyamuni perdió dicha facultad y,
entonces, decidió convertirse en discípulo del Buda. En el capítulo octavo del
Sutra del loto, Shakyamuni predice que logrará la iluminación en el futuro.
12. Por ejemplo, el buda Amida vive en la
Tierra Pura de la Perfecta Felicidad, situada en la región del Oeste, a unos
cien mil millones de mundos de distancia; el buda Maestro de la Medicina vive
en la región del Este, en el Mundo de la Esmeralda Pura. Como sugieren dichos
nombres, los seres vivos de estas tierras experimentan sólo placer; en
consecuencia, allí no hay nadie a quien salvar del sufrimiento. Por tal razón,
dice el Daishonin, los budas de esos mundos, aunque se sienten avergonzados de
presentarse en otra tierra de Buda, vienen a este mundo saha colmado de
sufrimientos para cumplir su juramento compasivo.
13. Sutra del loto, cap. 3.
14. «Camino sagrado» se refiere a una de
las cinco clases de prácticas para los bodhisattvas mencionadas en el Sutra del
nirvana. Aquí la expresión se refiere a las acciones emprendidas para dominar
los tres tipos de conocimiento: los preceptos, la meditación y la sabiduría.
15. Probable alusión al rey Rudrayana de
la antigua India, mencionado en Reglas monásticas de la escuela Sarvastivada.
Según esta obra, Rudrayana dio cinco tesoros a Bimbisara, rey de Magadha, pero
este no tenía riquezas que ofrecerle a cambio, y se sintió desconcertado.
Siguió entonces la sugerencia de su ministro supremo y mandó pintar una imagen
del buda Shakyamuni, la cual entregó al rey Rudrayana con la advertencia de que
era el más valioso de todos los tesoros del mundo. Este al principio se
enfureció, pero cuando comprendió que era una imagen del Buda, decidió abrazar
la fe y se convirtió al budismo.
16. Rey de Udyana que vivió alrededor del
siglo vil y fue descendiente del rey Amritodana, tío de Shakyamuni.
17. Rey que construyó un gran stupa en
Gandhara. No se sabe mucho acerca de él. Se dice que, a comienzos del siglo vm,
Shan-wu-wei oró al pie de este stupa y logró comprender instantáneamente el
Sutra Mahavairochana. Algunas fuentes sugieren que, en este pasaje, el rey
Granos de Oro en realidad se refiere al rey Kanishka.
18. Los «ideogramas sementinos» eran
caracteres escritos en siddham, un estilo de ortografía sánscrita, empleados
como símbolos para representar a los diversos budas y bodhisattvas en la
enseñanza esotérica.
19. Aquí, el término «samayas» se refiere
a los mudras (gestos sagrados con las manos) realizados por las diversas
figuras representadas en los mandalas, y a los objetos que estas sostienen. El término
también se emplea para denotar los juramentos que estos seres han hecho.
20. De acuerdo con el Sutra de los reyes
benevolentes, los reyes nacen en esta posición como recompensa kármica por
haber prestado servicio a quinientos budas en sus existencias anteriores.
21. En el Japón feudal, se consideraba que un vasallo tenía una deuda
tan grande con su señor feudal por brindarle este su único medio de
subsistencia, que aquel debía dedicar la vida entera a retribuirle a su amo con
servicio y lealtad. Los seis órganos sensoriales son los ojos, oídos, nariz,
lengua, piel y mente; es decir, las facultades mentales y físicas del ser
humano. Es otra forma de decir que la vida de un vasallo pertenecía a su amo, y
que todas sus facultades debían ser puestas al servicio de su señor.
22. La historia aparece en Colección de
relatos y poemas, y en otras fuentes. Cuando el joven Mao Pao, quien luego
llegaría a ser general de la dinastía Chin, caminaba por el río Yangtze, vio a
un pescador que había capturado una tortuga y se disponía a matarla. Conmovido,
dio sus ropas al pescador a cambio de la tortuga para salvar la vida al animal.
Tiempo después, Mao Pao fue atacado por sus enemigos. Cuando huía en retirada,
en dirección al río Yangtze, apareció la tortuga a quien había salvado y lo
transportó sobre su caparazón hasta la orilla opuesta.
23. Los albergues sacerdotales
probablemente sean parte de las instalaciones del templo Renge-ji, situado en
Hanabusa, Saijo, provincia de Awa. Se dice que el Renge-ji fue un templo subsidiario
del Seicho-ji.
24. Tojo Kagenobu, administrador de la
aldea de Tojo, provincia de Awa. Ferviente devoto del Nembutsu, Tojo había
atentado contra la vida del Daishonin cuando este refutó el Nembutsu y proclamó
la enseñanza de Nam-myoho-renge-kyo, en 1253.
25. Dogi-bo Gisho, sacerdote del templo
Seicho-ji; se cree que fue hermano mayor de Dozen-bo, o bien un prelado de
mayor antigüedad en el sacerdocio. Se opuso a la enseñanza del Daishonin.
26. Sutra del loto, cap. 2.